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    Victoria Villarruel: El negacionismo avanza

    Eduardo Villarruel fue condecorado con “El Diploma de Honor” por su lucha contra la “subversión” en Tucumán. Se sentía orgulloso de ese combate que llevó adelante “tanto en ambiente urbano como rural”, escribió años después. En 1982 estuvo en Malvinas, en el Comando 602 dirigido por Aldo Rico y cuándo volvió la democracia fue detenido por no “querer jurar por la Constitución”.

    Su hermano, Guillermo Villarruel, grado de capitán, también luchó contra la “subversión”. Su Regimiento III de La Tablada, estuvo a cargo del centro de detención y tortura El Vesubio. Décadas después, en el 2015, cuando fue a votar, fue detenido. Cómo era muy mayor, la Justicia dictaminó que no podía afrontar el juicio de lesa humanidad. Su esposa, Diana Destefani, también de la familia militar. Hija de un historiador de la marina.

    Este es un pequeño pantallazo en la vida del padre, tío y madre de Victoria Villarruel. Victoria, nacida en 1975 también “lucha” contra la misma “subversión” que su familia. Sólo que ella utiliza (por ahora) las herramientas del derecho y la palabra.

    Los comienzos

    Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión, Asociación de Familiares y Amigos de Presos Políticos de Argentina, Unión Del Personal Militar, Asociación Víctimas del Terrorismo de Argentina, Familiares y Amigos De Víctimas del Terrorismo de Argentina. Todas estas siglas corresponden a diferentes asociaciones y organizaciones que representan a militares, policías que formaron parte de la represión, familiares de genocidas caídos “en combate”, etc. Todas estos grupos iniciaron su existencia cuando terminó la dictadura. Todos quedaron inactivos cuando Menem firmó los indultos a los responsables de la violación de derechos humanos durante el gobierno militar y muchos volvieron a existir cuando empezaron los juicios en el 2003. Esto da una pauta: por lo único que luchan es por la impunidad, no defienden a ninguna “víctima” ni les preocupa el rigor académico y algún extraño amor a la verdad, que se conozca “la memoria completa”.

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    Inicialmente Villarruel formó parte de la Asociación Unidad Argentina, una agrupación fundada durante la década del noventa que cuestiona la política de reconciliación del gobierno de Carlos Menem. Sin embargo, desde 2003, Villarruel comenzó a pensar en formar una asociación profesional que defendiera los derechos humanos de las víctimas del “terrorismo”. Este es el gran aporte que hace Villarruel a la “batalla cultural” que vienen dando los reivindicadores del terrorismo de Estado y la última dictadura militar: dejar de hablar de los militares y pasar a hablar de “las víctimas” del terrorismo. Para construir esta notición y darle fortaleza conceptual, luego de recibirse de abogada (sin ningún váucher) en la Universidad Nacional de Buenos Aires, Victoria Villarruel se abocó a estudiar el “enfoque” adoptado por los familiares de muertos a causa del accionar armado de ETA en el País Vasco.

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    En 2006 Villarruel fundó el CELTYV (Centro de Estudios Legales del Terrorismo y sus Víctimas) que reúne a familiares de personas asesinadas por organizaciones revolucionarias y que, según Villarruel, se diferencia de FAMUS al incorporar a las víctimas civiles como parte del reclamo.

    Cristian Palmisciano es docente universitario en la Universidad Nacional de Mar del Plata y autor del artículo “El tiempo de los otros. Memorias y nuevas derechas, un análisis a partir de la carrera militante de Victoria Villarruel”. Palmisciano explicó en su trabajo cuál es la forma de construir el discurso que tiene el CELTYV.

    Marcha contra el acto convocado por Villarruel en Legislatura.
    Marcha contra el acto convocado por Villarruel en Legislatura.

    “Al interior de un entramado en el que ya existían agrupaciones formadas por familiares de personas que murieron a causa del accionar armado, el CELTYV comenzó a destacar por su apelación al derecho como principio de construcción y adhesión a la causa. Impronta que se observa en los modos en que la abogada ha gestionado la presentación de sí y en cómo ha intervenido en las discusiones sobre el pasado reciente a partir de valorizar un lenguaje técnico-legal antes que hacer uso de lo que entienden como “interpretaciones políticas”. En este sentido, impugna la noción de “subversión” a la que frecuentemente aluden quienes integran el asociacionismo civil-militar, la categoría de terrorismo de Estado y la “teoría de los dos demonios” dado que no forman parte de los conceptos legiimados en el derecho internacional”, explicó Palmisciano.

    “Los otros muertos”

    En 2014 apareció Los otros muertos, libro de coautoría entre Victoria Villarruel y Carlos Manfroni publicado por Editorial Sudamericana. Los autores plantean que hay 1010 muertos a manos de las organizaciones guerrilleras. A este número se llegó gracias a recabar notas que salieron en diferentes medios de comunicación. Aunque la cifra sólo es de civiles, varios de los nombrados pertenecían al Ejército y hay más de 80 fallecidos sin identificar.

    Los otros muertos y el CELTYV fueron los bloques sobre los que Villarruel se plantó para construir su discurso. Ella de esa manera, se transformaba en vocera de “víctimas”. ¿Quién puede estar en contra de un civil que murió sin tener nada que ver? Sin embargo, si analizamos de dónde surge y su construcción militante, nos damos cuenta que la articulación con las víctimas del terrorismo es una hábil táctica política, un caballo de troya para introducir el viejo y gastado negacionismo.

    Las victimas como caballo de troya

    Es interesante el salto a la política que hace Villarruel. No es sólo una activista en defensa de las víctimas, ahora es una política que representa un programa total de gobierno. Un programa muy cercano a la lucha contra “el intervencionismo estatizante y agobiante”, del que habló Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura. Un programa que alinea a la Argentina con Estados Unidos, que potencia los intereses del capitalismo financiero y que se plantea “terminar con el socialismo y la izquierda”. Es difícil no sacar la conclusión que usando a la simbología “de las víctimas” como escudo, lo que avanza no es la libertad si no las mismas ideas que tuvieron que imponerse con asesinatos, torturas y desapariciones.

     

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