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    ¿Es Javier Milei un fascista?

    Como ha ocurrido con la emergencia de otros referentes de las nuevas ultraderechas, como Trump y Bolsonaro, Javier Milei ha despertado una enorme discusión alrededor de cómo caracterizarlo, si sería oportuno o no aplicarle el mote de “fascista”, e incluso si representa o no una verdadera amenaza para el régimen democrático en nuestro país.

     

    Los exabruptos en el discurso

    Señalemos, en primer lugar, que, como hemos analizado reiteradas veces en este portal, su programa expresa una serie de ataques contra los trabajadores y sectores populares. En esto, claro está, hay similitudes con la extrema derecha tradicional. 

    También en el lenguaje aparecen estas similitudes. Ni hablar del estilo de sus discursos públicos, donde imita la voz ronca de Hitler, o las ocasiones en que asegura la “superioridad moral y estética” de su movimiento frente al de los socialista.

    Recientemente, esto ha ido aún más lejos, al tratar directamente de “excremento humano” a los socialistas. Una expresión que busca sub-humanizar a sus adversarios políticos. Algo que recuerda al tipo de expresiones que usaba el nazismo contra los judíos o la dictadura militar contra los comunistas.

    Villarruel y los genocidas

    Recientemente, Guadalupe Godoy, militante de derechos humanos y abogada en los juicios por crímenes de Lesa Humanidad y en la causa por la desaparición de Jorge Julio López reveló un vínculo que conecta a Victoria Villaruel, la candidata a vicepresidenta de Milei, con el genocida Miguel Etchecolatz.

    Etchecolatz fue el director de Investigaciones de la policía bonaerense y mano derecha del general de brigada Ramón Camps, durante la dictadura militar. Entre los crímenes por los que Etchecolatz fue condenado se encuentran el secuestro y asesinato de un grupo de adolescentes en la Noche de los Lápices, la apropiación de bebés y la desaparición de Jorge Julio López. 

    Fue beneficiado por la aplicación de la Ley Obediencia Debida, pero en 2006 cuando fueron anuladas las leyes de impunidad, volvió a ser juzgado en las causas que habían sido cerradas. 

    En el marco de este segundo proceso fue que volvió a desaparecer Jorge Julio López, luego de declarar contra Etchecolatz. Aunque nunca se pudieron esclarecer los hechos, Etchecolatz fue fotografiado con un papel manuscrito en sus manos que decía “Jorge Julio López”.

    Ganó Milei… ¿y ahora qué?

    En el cuaderno en el que organizaba su defensa para el juicio, aparece el nombre de Victoria Vilalroel. Junto a su nombre, aparece la sigla COFA, que significa Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas, que, luego del 2001, era un lugar en el que se reunían y coordinaban acciones las fuerzas pro impunidad.

    Victoria Villarruel fundó, en el 2001 la agrupación “Jóvenes por la verdad”, que hablaba de la “década olvidada” en relación a defender a los genocidas y organizaba visitas a los genocidas presos, como a Jorge Rafael Videla.

    Mercado, el marido de Cecilia Pando contó en un posteo de facebook que él conoció a Videla a través de Victoria Villaroel. 

    Es decir que su candidata a vicepresidenta y quien tendrá además a cargo el área de seguridad es una defensora de los militares genocidas y reivindica una de las épocas más oscuras de nuestra historia.

    ¿Un movimiento fascista?

    Sin embargo, no basta considerar que un líder político pueda tener inclinaciones fascistas para considerar que su movimiento es fascista. Elegimos más bien, caracterizar que un triunfo de Milei supondría la amenaza de zarpazos reaccionarios y bonapartistas.

    Caracterizamos al bonapartismo como una forma de gobierno en la cual un líder carismático, con apoyo de sectores populares y elementos represivos del Estado, pasa por encima de otras instituciones para aplicar su programa de manera autoritaria.

    El fascismo se caracterizó por apoyarse en sectores de masas para avanzar con métodos violentos extrainstitucionales contra distintos colectivos, como los judíos o los comunistas. Milei no cuenta aún con un movimiento de esas características. Las iniciativas como el “Movimiento Antipiquetes” impulsado por Ramiro Marra fueron, al momento, marginales. Pero esto no quiere decir que, de llegar al poder, no pueda intentar construirlos mediante las palancas del Estado.

    Consideramos más apropiado señalar la amenaza bonapartista, porque parte del programa de Milei iría a un choque directo con el poder parlamentario y judicial. Iniciativas como la dolarización son directamente inconstitucionales, ya que la Constitución establece la existencia de un Banco Central y una moneda nacional.

    Además, el recorte del 15% al PBI implica una reforma en la coparticipación, algo difícil de conseguir para una fuerza que tendrá una escasísima presencia en el Senado y, a lo sumo, una primera minoría en Diputados.

    Milei ya ha dicho que está dispuesto a sortear estos obstáculos mediante la convocatoria a un plebiscito. Es decir que en su propio discurso ya existe la alternativa del giro reaccionario-bonapartista en su eventual gobierno.

    Organizarse y luchar contra el avance de la ultraderecha

    Entre los sectores activistas y organizados de los trabajadores y la juventud, la emergencia de la ultraderecha ha despertado una fuerte señal de alarma.

    Estas semanas hemos visto que han surgido asambleas estudiantiles importantes en facultades como Sociales y Filosofía y Letras, así como en el Conicet, y crece la inquietud en distintos lugares de trabajo.

    Para frenar el avance de la ultraderecha no basta con llamar a votar al “mal menor” mientras se permite que el peronismo siga avanzando con el ajuste de la mano del FMI. Además, la izquierda no puede perder la perspectiva estratégica de defender la independencia de la clase trabajadora, por lo que de ninguna manera debería llamar al corte de boleta, como opinan algunos intelectuales. 

    Fue justamente la decepción causada con este gobierno y el de Macri lo que permitió el crecimiento de estas nefastas expresiones en primer lugar, por lo tanto, no hay manera de frenar a la ultraderecha si no se enfrenta, con la lucha en las calles, el ajuste del Gobierno y el FMI.

    Por lo tanto, debemos tener una estrategia que no se limite al plano electoral. Tenemos que poner en pie campañas de clarificación para desenmascarar el programa reaccionario de Milei mientras fomentamos la lucha en defensa de cada uno de nuestros derechos.

    Hay que aplastar el huevo de la serpiente antes de que nazca, pero eso requiere de organización, concientización, lucha política y social por una perspectiva de la clase trabajadora.

     

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