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    El derecho a la poesía y la resistencia contra el apagón cultural

    En pie de lucha

    Hace horas, trabajadores del Centro Cultural Néstor Kirchner realizaron un ruidazo para protestar contra los despidos de 162 laburantes por parte del Gobierno.

    El sábado 30 de diciembre, una multitud marchó a las sedes del Fondo Nacional de Las Artes (FNA) y el Instituto Nacional del Teatro para oponerse a las secciones 3 y 4 de la Ley Ómnibus, en la que se establece el cierre de estas entidades y el desfinanciamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), el Instituto Nacional de la Música, las bibliotecas populares y el Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (FOMECA).

    El 27 de diciembre en el Teatro Argentino de La Plata, miles de personas se congregaron en asamblea para rechazar estas mismas medidas a hora de que se conociese el texto de la ley.

    La importancia de los entes estatales de fomento

    Probablemente, la combinación del DNU y la Ley Ómnibus sea el ataque más importante a las condiciones de vida de la clase trabajadora en la historia argentina. No es para asombrarse que para la cultura, un sector históricamente precarizado y que sobrevive gracias a las ganas de artistas, productores, gestores y un creciente público en conjunto con el aporte financiero de estas entidades estatales, sea una amenaza a la existencia misma de la cultura independiente.

    ¿Qué diría Alberdi?

    Instituciones como el INCAA o el Instituto Nacional del Teatro fomentan los proyectos presentados por quienes no tienen el financiamiento de las grandes productoras o empresas de otros rubros.

    Si no existiesen estos espacios, miles de artistas, historias y narrativas que no son percibidas como un negocio inmediato o que no sirven a los intereses de quienes necesitan que pensemos tal o cual otra cosa, se quedarían atrapados en la imposibilidad de un mercado cada vez más concentrado y extranjerizado.

    Un préstamo otorgado por el FNA le permitió a Ástor Piazzolla comprarse un piano y a Antonio Berni construir su taller.

    Un préstamo otorgado por el FNA le permitió a Ástor Piazzolla comprarse un piano y a Antonio Berni construir su taller. Marta Minujín pudo viajar a París en los 60 y desarrollar su carrera de impacto ambiental gracias a la ayuda de esta institución. Como pueden notar, son artistas de éxito, que no son fácilmente encasillarlos en una misma posición política. En estos centros de asistencia y fomento a los realizadores culturales, no se financian mensajes políticos, ni necesariamente poco rentables. Simplemente se asiste a parte de la clase trabajadora para que pueda desarrollarse sus capacidades y que la vida cultural de nuestro país, no tenga sólo para ofrecer los productos culturales de quienes pueden pagarlo.

    Pasos a seguir

    El Frente Unidxs Por La Cultura convoca el 10 de enero a un Cacerolazo Cultural contra estas medidas, el 20 a la asamblea federal y se discutió articular una medida con el resto de los 7 mil trabajadores despedidos del Estado en la puerta de la Jefatura de Gabinete.

    Además, se resolvió que se impulsará la movilización del 24 de enero en el marco del paro general convocado por la CGT.

    El derecho a la poesía

    “El resorte que tensa nuestra época es incomparablemente más poderoso que nuestro resorte personal. La espiral de la historia se desarrollará hasta el fin. No nos opongamos a él, sino que ayudémosle con toda la fuerza consciente de nuestro pensamiento y de nuestra voluntad. Preparemos el porvenir. Conquistemos, para todos y para todas, el derecho al pan, pero también el derecho a la poesía”. León Trotsky, homenaje a Sergei Esenin.

    El derecho a la poesía, a la cultura, a las historias, al alimento de nuestra mente muchas veces es percibido como mera distracción o entretenimiento banal. Sin embargo, la cultura forma gran parte de nuestro modo de ver el mundo, amplía nuestros horizontes de percepción de la vida, cuestiona nuestras creencias y nos permite ampliar nuestra vida interior.

    4 claves para entender la Ley Ómnibus

    Es decir, nos hace humanos. Un pueblo sin cultura no es solo un pueblo pegado a la circunstancia material inmediata, sin reflexión y desarmado de una narrativa común que lo fortalezca frente a la clase dirigente. Es un pueblo sometido a la cultura de esta clase dirigente, a sus intenciones, a que se reconozca como un personaje de las historias de la clase dirigente, a que se entienda como un mero actor de reparto en las megaproducciones de quienes pueden pagar para narrar sus historias.

     

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